Esta es una serie de 3 artículos

El proceso de enseñanza y aprendizaje que nos lleva desde una autoestima dependiente e incapacitante hacia una singular, genuina y autocompasiva comienza con la autoaceptación de nuestra historia vital. Esta implica reconocer que somos personas únicas y completas, suficientemente buenas, con errores —como todos los seres humanos—, susceptibles de mejora y capaces de vivir conscientemente en el presente, sintiendo y a su vez distanciándonos de los pensamientos y sentimientos negativos de minusvalía.

La vida no es una batalla que ganar, sino un camino que recorrer

La vida es una constante oportunidad de superación de retos que nos proyectan a nuestros propios valores. El estrés, la adversidad, la preocupación por no ser lo suficientemente bueno en algún aspecto de la vida, los éxitos, logros, errores y fracasos en el desempeño forman parte de cada día. No hay una forma saludable de inmunizarse contra la experiencia de pensamientos y sentimientos difíciles.

Los eventos nuevos, desafiantes y difíciles —en la familia, en el entorno social, en la vida académica y profesional— junto con nuestra historia vital que la mente nos recuerda, los pensamientos negativos y críticos, la preocupación, las sensaciones ansiosas de no ser suficientemente buenos, nuestras insuficiencias y nuestro dolor, son prácticamente inevitables.

Son experiencias aprendidas —pensamientos, sentimientos, sensaciones, emociones, recuerdos— que forman parte de nosotros, con las que hemos sobrevivido y que no se pueden derrotar ni eliminar. Una historia de autoestima que, al intentar luchar con ella, al querer controlarla, en ocasiones nos ha frenado, nos ha hecho procrastinar y perder oportunidades.

Cada uno de nosotros somos más que nuestra historia personal. A lo largo de nuestra vida todo pasa, y nosotros lo observamos… y siempre estamos ahí.

El comienzo del cambio: comprender nuestra historia

Comprender, aceptar y vivir de la mano de nuestra autoestima dependiente, y a su vez desafiarla y debilitarla con nuestra autoestima genuina y autocompasiva, implica un cambio radical en la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo.

El comienzo del camino está en comprender de forma consciente nuestra compleja —y a veces difícil de ver y describir— historia vital y cómo influye en nuestro comportamiento. Está en desarrollar nuestra capacidad de identificar, aceptar y cuestionar los patrones de pensamiento perjudiciales, y aprender a construir una visión más equilibrada y realista de uno mismo, dando voz a todas nuestras identidades.

La propuesta de centrar la "estima" sobre todo en nosotros mismos, alineándola con nuestras aspiraciones y estimaciones objetivas en nuestro desarrollo personal, profesional, social y espiritual, implica observarnos y compararnos íntimamente y con confianza con nosotros mismos. Somos individuos únicos, quienes mejor nos conocemos y comprendemos nuestra propia vida, la que deseamos vivir.

Sortear la barrera: de la aprobación externa al valor propio

Debilitar conscientemente el marco relacional de la autoestima dependiente de valoraciones externas se presenta como una oportunidad para vivir la vida que nos pertenece de manera única y fugaz. Nos requiere valentía y coraje para cambiar nuestra relación con las expectativas, juicios y comparaciones familiares, sociales, culturales y profesionales, y construir y potenciar la autoestima bondadosa basada en nuestro valor propio por ser humanos, porque existimos.

Sortear esa barrera en nuestro viaje vital significa liberarse poco a poco de la atadura de la aprobación externa y anclarnos en nuestro yo compasivo, fundamentalmente en los momentos difíciles, cuando nos sentimos amenazados, juzgados, cuando nos invade la impulsividad o nos llegan los pensamientos autocríticos.

Aprender a mirarnos, a hablarnos, a darnos consejos, a animarnos a seguir acciones conforme a nuestros verdaderos valores, con calidez, como lo haríamos con las personas que más queremos cuando se encuentran en apuros, dándonos tranquilidad y seguridad.

No se trata de elevar la autoestima dependiente diciéndonos cosas "positivas" o resaltando logros. Ella siempre estará con nosotros. Forma parte de nuestra historia vital pasada, con la que vivimos en el presente, que no podemos cambiar.

La autoestima genuina: una brújula interna

Al enfatizar la percepción interna de autovalía, autocuidado y autoaceptación, logramos que la autoestima sea, en la mayor parte de las ocasiones, genuinamente "auto", propia e individual, sin referencias a normas y reglas educativas, familiares, sociales, culturales o religiosas. Así conseguiremos un nuevo modo de relacionarnos con nosotros mismos en nuestros logros, nuestros fracasos y nuestros retrocesos.

La experiencia de un resultado de fracaso en el proceso de aprendizaje no nos conducirá a una visión negativa de nosotros mismos. Podemos sentir el placer de nuestra superación personal e incluso en el fracaso podemos hacer una evaluación correcta y objetiva en la línea de una mejora de nuestra competencia.

Franquear esta barrera nos devuelve la libertad y la iniciativa para que nuestra conducta refleje nuestra singularidad y aspiraciones personales. Al compararnos sobre todo con nosotros mismos, dejamos de lado la competición con los demás y nos enfocamos en celebrar nuestras victorias y superar progresivamente, con curiosidad, creatividad e intencionalidad, nuestras propias limitaciones, valorando nuestro propio camino.

Esta nueva autoestima genuina surge de una profunda conexión con nuestro ser interior. Nos proporciona espacio, perspectiva, y se convierte en una brújula interna que nos guía hacia la autorrealización y la satisfacción personal. Nos permite vivir con autenticidad y libertad, sin la presión de ajustarnos a expectativas y modas sociales, liberándonos de la tiranía de los "debería" y "tendría que".

El camino hacia nuestro autoempoderamiento mediante una autoestima genuina y compasiva es una carrera de fondo, una maratón. No es fácil, pero es un viaje que vale la pena emprender en la única vida que tenemos, sin importar edad ni condición.

Atención plena y comparación con uno mismo

Estar atento en la vida cotidiana, en lugar de estar en bucle con lo que piensan los demás o con nuestras autocríticas, puede contribuir a una mayor claridad en las creencias sobre nosotros mismos: como personas dignas, con capacidad para aprender constantemente, de crecer con nuestro esfuerzo y dedicación, con nuestros propios valores.

La atención al momento presente, con una orientación sin juicios hacia la experiencia, nos facilita el aumento de información y comprensión sobre nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos. Puede reducirnos la reactividad, la impulsividad y la desregulación emocional ante la información negativa que nuestra mente nos envía relacionada con nosotros mismos.

Compararnos con nosotros mismos, reconocer nuestras fortalezas y áreas de crecimiento, es un cambio que nos permite mirarnos y vivir según nuestras propias métricas internas, celebrando con satisfacción nuestra vida con pequeños logros diarios, sin que nuestra mente nos compare constantemente con los demás.

El camino desde la ACT y la Autocompasión

Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y las Terapias de Autocompasión, mediante la alianza terapéutica, a través de ejercicios y experiencias, encontramos responsablemente un camino personal progresivo de aprendizaje en varias direcciones:

Herramientas del proceso
  1. Mindfulness Prestar atención a nuestro presente con una actitud abierta y sin juzgar, observando nuestros pensamientos, emociones y sensaciones sin intentar controlar, eliminar ni reaccionar automáticamente ante ellos, experimentándolos con voluntad y dejándolos volar.
  2. Defusión Aprender a identificar, comprender, desafiar y distanciarnos de nuestros pensamientos y emociones negativas e incapacitantes, reconociéndolos como eventos mentales pasajeros y no como hechos absolutos sobre nosotros, creando con perspectiva un espacio significativo para pensamientos más vitales, realistas y compasivos.
  3. Aceptación radical Reconocer, comprender y aceptar todas las experiencias —tanto las positivas como las negativas— como parte inevitable de nuestra vida, especialmente las emociones difíciles como la tristeza, la culpa, la envidia, la autocrítica, la ira o la vergüenza, sin juzgarnos por sentirlas.
  4. Valores Identificar y actuar de acuerdo con nuestros verdaderos valores personales, aquellos principios que guían nuestra vida y nos dan dirección, dedicando tiempo a actividades que nos acerquen a nuestros propios objetivos.
  5. Acción comprometida Motivarnos a actuar de acuerdo con nuestros valores incluso sabiendo que existe la posibilidad de ser criticados, valorados y comparados por los demás, tomando pasos concretos para conseguir progresivamente una vida más significativa y auténtica.
  6. Autocompasión Desarrollar la competencia de ser compasivos con nosotros mismos, siendo amables y comprensivos en los momentos difíciles y desafiantes, aprendiendo a aceptar con bondad nuestros pensamientos negativos, nuestros recuerdos difíciles y perdonándonos amablemente por nuestros errores.

La autocompasión: un faro, no un privilegio

La autocompasión nos permite vernos con ojos comprensivos y de afecto, aceptando nuestras imperfecciones, limitaciones actuales y reconociendo nuestra humanidad compartida. No se basa en la comparación ni en el juicio. No se trata de ser "mejor" que nadie, sino de aceptarnos con bondad y comprensión tal como somos, con nuestra capacidad de aprender y crecer personal y profesionalmente.

No somos seres especiales, ni superiores, ni inferiores, sino parte integral de una humanidad con la que estamos irremediablemente conectados. Esta conexión nos permite desarrollar una actitud de amabilidad y aceptación hacia nosotros mismos y hacia los demás, sin compararnos ni caer en la autocrítica.

La autocompasión nos ofrece una estabilidad emocional más robusta que la autoestima. No depende de la aprobación externa ni de la autoevaluación constante con promedios o normas. Es un faro interno que nos ilumina en los momentos de dificultad y dolor. Nos permite ser auténticos y vivir sin máscaras, generando una mayor confianza en nosotros mismos y un mayor sentido con la vida.

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José Javier